lunes, 17 de junio de 2019

Diario de un parado - Vol. 1



Aunque esto se titula “Diario de un parado”, no pretende ser un diario en el sentido literal de algo que se escribe todos los días, más bien mi intención es ir publicando en función de las novedades y de mi estado de ánimo fundamentalmente. En fin, que me estoy enrollando a lo bobo
Una vez aclarado que este diario no es un diario, y sin tener claro que lo vaya a leer alguien, os voy a contar cosas, que es de lo que se trata.

Pues resulta que hace unos días terminé mi trabajo en mi último proyecto laboral, un proyecto que estaba muy bien, que me ha aportado mucho y todo eso, pero desde hace dos viernes estoy de vacaciones como paso previo a mi inminente finalización de contrato. Eso sí, que si eso igual me llaman para otra cosa, que la empresa es muy grande, que igual otro día en otro sitio, pero que en nada a la puta calle. La sensación esa de recoger la mesa, tirar todo lo que no vale, que en mi caso con mi tendencia al aumento de entropía me llevó varios días, recoger el ordenador haciendo limpieza digital también, dejar el teléfono guardadito en su caja… Pues eso, es una sensación de “parece que va en serio, se me va a hacer raro, otra vez, otro cambio… me cago en mi puta vida”
La despedida, que no fue mi despedida sino la celebración o más bien la conmemoración del final del proyecto (creo que si se acaba el trabajo no hay mucho que celebrar) fue muy divertida, con jefes y compañeros, me atrevería a decir que algunos con la categoría de amigos, nos dedicamos a mitigar las penas por el fin del proyecto con una cena seguida de cubateo, bailoteo, risas, más cubateo, abrazos, exaltación del compañerismo y la amistad, más cubateo, más abrazos, más risas,  alguna lágrima y para variar acabé quedándome dormido en el taxi que me llevaba a casa.
Día siguiente de resaca de esas de reventar la cabeza (¡maldito garrafón!) y de pensar en si me habría comportado correctamente, o habría hecho el Tonetti. A ver que me voy de la empresa pero que me gusta quedar bien y tal, y no ser “aquel de la borrachera vergonzante”. Me fueron llegando fotos y he salido bastante digno, me quedo más tranquilo.
El lunes siguiente recibo un Whatsapp ya en mi teléfono personal de cosas que habían quedado pendientes, bueno sigo ahí…
Los días empiezan a pasar, empiezo a buscar “en serio”, aunque esté de vacaciones, no me puedo quedar quieto, las facturas llegan, las deudas siguen… Joder que agobio. No sabía que existían tantas páginas de empleo, y eso que estaba dado de alta en tropecientas; algunas la verdad tienen una pinta de cutres y de ser un timo para pillar datos de la gente que flipas, pero bueno, hay que fiarse “por si acaso”, por si ese trabajo es “el bueno” y por estar en una página cutre no lo va a mirar casi nadie. Como decía mi abuela “de ilusiones vive el tonto de los cojones”
Empiezo a tirar de contactos, de amigos, de colegas, de conocidos...:
     -Oye que mira que en breve me voy a la puta calle, que si sabes de algo y eso que me lo comentes
     -No jodas, que putada tío
     -Pues ya ves, macho, a estas alturas otra vez a dar vueltas
     -Nada, joder, no te preocupes, que eres la hostia, y con el curriculum que tienes no vas a tener        problema
     -Si, si, que tengo un curriculum cojonudo pero me voy a la puta calle, y las facturas siguen viniendo
     - Pero tienes paro
     - Si pero el paro da para subsistir malamente, cada vez va a menos y cuando te quieres dar cuenta se ha acabado. Además que cojones, que yo no puedo estar sin trabajar que la cabeza me jode vivo
     -No te preocupes tío, si se de algo te lo comento, tu tranquilo
     -Gracias macho. Oye cuando quieras tomamos una cerveza que yo ahora lo que tengo es tiempo
     -No se yo, estoy muy liao. Ya sabes, el trabajo
     -Ya, ya se…
Y a veces te lo crees, eso de “no vas a tener problema” y otras piensas “los cojones, el problema ya está aquí y no se va a solucionar tan fácil”. En fin, la cabeza y sus cosillas
Llegan las primeras decepciones, las ofertas en las que te descartan, las empresas en las que trabajan colegas que te dijeron que harían lo que pudiesen para entrases, pero que también te descartan. Joder, es que ni con recomendación, ya verás como no vuelvo a trabajar en la puta vida
Después de la primera semana llega el bajón, el ánimo ha empezado a flojear, la casa es un desorden, me pongo a mirar ofertas y me disperso, agoto las existencias de cerveza del frigorífico… Pronto empiezo
Que alegría, me llega un embargo…
Intento no pensar demasiado, día a día, hablar con gente de cosas triviales, sin dejar de buscar y de estar pendiente, pero no puedo permitirme obsesionarme, no puedo arrastrar la tristeza, siempre he acabado buscándome la vida, tengo dos manos, un cerebro y un par de cojones para salir adelante.  Además la opción de estudiar una oposición siempre está ahí, pero me da una pereza… Siempre he sido un vago en eso de estudiar, brillante pero un vago. Se que si me pongo no voy a tener mucho problema pero ¡que pereza!
Parece que da resultado, la cabeza va a mejor. Me ofrecen un trabajo de “machaca” a euro la hora (mil horas por mil euros), otro para trabajar en “B”, nuevos contactos que “ya me llamaran” pero al menos dan buenas palabras. No perdamos la esperanza
Y en estas estaba cuando me llega el IBI. Por no mencionar que tengo que hacer la declaración de la renta y me van a crujir. Estoy pensando en “vender medias”
Y aquí me hallo. Ayer se me acabaron las vacaciones, así que hoy es mi primer día de parado, aunque no puedo solicitar la prestación hasta dentro de unos días por tema de vacaciones pendientes.

Ya os iré contando

Me voy a comer donde mis padres, que así ahorro


PD: Oye, que si sabéis de algo os paso el curriculum si eso


miércoles, 13 de junio de 2018

Aquarius



Una vez más tenemos la inmigración a la puerta de casa. Una vez más nos echamos las manos a la cabeza porque vemos las consecuencias del reparto de la riqueza y de la globalización. Una vez más pensamos que algo hay que hacer, que no hay derecho, que no se merecen eso, que hay que darles una oportunidad, que no tienen la culpa de lo que les ha tocado vivir…

Y los gobiernos del mundo “libre” deciden sobre el destino de esas personas, si “les damos una oportunidad” desde nuestra gran benevolencia o por el contrario les damos con la puerta en las narices como cuando mi abuela despachaba a los pobres con un “Dios le ampare, hermano”. Y los ciudadanos del mundo “libre” nos apresuramos a opinar, a sentenciar a corto plazo, a decir desde la progresía que no acoger es de ser unos nazis y unos racistas, xenófobos o insensibles, o desde el identitarismo que no se puede acoger a nadie más, que Europa es nuestra casa y los nuestros deben de tener prioridad frente a aquellos que vienen de fuera a beneficiarse de nuestro estado del “bienestar”, de ayudas y subvenciones mientras que hay compatriotas nuestros en situaciones de pobreza.

Y lo jodido, lo realmente jodido, es que la solución no es fácil. La solución no es acoger por acoger a todo aquel que venga, que aunque es un lavaconciencias cojonudo no deja de ser pan para hoy y hambre para mañana, porque a poco que sepamos de matemáticas, no se puede mantener a todos en nuestros países del mundo libre y mucho menos darles trabajo cuando lo del pleno empleo para los que ya estamos hoy por hoy es prácticamente una utopía, y nuestros recursos cada vez van a menos, nuestro sistema de “bienestar” a veces se tambalea por la deslocalización industrial fruto de la globalización, por el envejecimiento de la población y porque el sistema social cada vez es menos social. Y dejarlos morir en medio del océano, o condenados al hambre y a la miseria en sus remotos países tampoco es lo más ético si nos queremos ganar el apelativo de humanos.

El problema es global, la solución no consiste en acoger y dar de comer al hambriento un día, sino en procurar que ese hambre desaparezca, en un planeta en el que los recursos están mal repartidos. Por supuesto que no se puede dejar morir de hambre al que llama a nuestra puerta, pero si ha llegado hasta nuestra puerta, que realmente es lo que nos jode, ver la pobreza en nuestra puerta, quizá estemos haciendo algo mal. Y es que el mundo que conocemos está montado así. Nuestro estado del “bienestar” está montado sobre la miseria de otros. Este mundo global que conlleva el enriquecimiento de unos mediante la miseria de otros, la deslocalización de los medios de producción hacia países en los que la esclavitud no consiste en algo del pasado, y que nosotros, de una u otra manera, estamos fomentando irremediablemente con nuestro consumo. Países en guerra por nuestros oscuros intereses, y digo nuestros porque aunque no nos guste ese tipo de cosas son las que mantienen nuestro sistema de “bienestar”, aunque luego lavemos nuestras conciencias exigiendo solidaridad a nuestros gobiernos tuiteando desde teléfonos móviles posiblemente fabricados en países lejanos por unos pocos céntimos la hora. 

Yo creo en la igualdad del ser humano, provenga de donde provenga, y al mismo tiempo creo en la riqueza de los pueblos, y aunque las migraciones no son malas por naturaleza también creo en la importancia del arraigo, de la identidad, de poderte ganar el sustento en donde están los tuyos, en la tierra de tus antepasados conservando costumbres y tradiciones que acaban diluyéndose con las migraciones tanto de los que vienen como de los que están, pienso que nadie se quiere ir de su tierra, y hablo por mí que por mi profesión tengo más posibilidades en tierras lejanas pero me resisto a dejar mi país, la tierra que mis antepasados regaron con su sangre y sudor para hacer de España algo mejor que lo que ellos conocieron.


El problema no está en un barco en el mar Mediterráneo, está ahí a corto plazo, pero hoy son ellos y dentro de unos días serán otros cada uno con su historia, con su nombre, con su familia, buscando algo que comer, una vida mejor o al menos una vida. Sinceramente no se cuál es la solución, es fácil escribir chorradas en la comodidad de casa, sabiendo que mañana no me va a faltar el sustento, creo que la clave, como en la gran mayoría de problemas que tenemos actualmente, está en la educación y en la auténtica solidaridad que consiste en no aprovecharse del resto de seres humanos.

Hoy ha sido el Acuarius, barco de una ONG de la que, entre otras, tengo el orgullo de ser socio, no se si ese es el camino, creo en la Justicia Social y en todos aquellos que cada día demuestran que se puede ayudar al prójimo activamente con algo más que bocadillos y subvenciones que no dejan de ser pan para hoy y hambre para mañana. Mañana será un cayuco, o miles, o un camión, o un campamento detrás de una verja… Y seguiremos tirando de solidaridad barata o de identitarismo de bar como solución. Pero si la situación se sigue produciendo pese a nuestra solidaridad o nuestro rechazo, eso quiere decir que esa solución no vale…


miércoles, 13 de julio de 2016

La muerte de un torero

La muerte de un ser humano siempre es una desgracia, sea quien sea. No quiero hacer un alegato a favor ni en contra de la “Fiesta Nacional” o de la Tauromaquia o de los Toros o de como se quiera llamar a todo lo que rodea el hecho de utilizar a los toros como una diversión. Está claro que los toreros ya no tienen la consideración que tenían en este país, en el que hasta no hace muchos años eran considerados poco menos que héroes nacionales, eran recibidos por Jefes del Estado, tenían romances con actrices, folclóricas, nobles o famosas varías y ocupaban páginas de periódicos y revistas porque suscitaban el interés popular; desde Manolete hasta Paquirri pasando por Antonio Bienvenida,  Luis Miguel Dominguín, Antonio Ordoñez, Manuel Benítez “el Cordobés”, Palomo Linares, y un largo etcétera, aunque a algunos solo os suene un tal Jesulín de Ubrique por haber tenido una hija con una de las “estrellas televisivas” y princesa del pueblo de nuestro país. Ahora el torero ya no es un héroe para el común de los españoles, solamente para un colectivo que podemos denominar como los “taurinos”, ya no hay programas taurinos en televisión ni largas reseñas en los periódicos, ni son referentes para la mayoría, ni la Familia Real aparece asiduamente en los festejos taurinos como ocurría no hace muchos años.

Es evidente que algo está cambiando, es evidente la evolución de nuestra sociedad no sé si por conciencia o porque las diversiones son otras, a priori menos cruentas. Yo me he criado viendo toros en casa, no porque fuese mi espectáculo favorito sino porque en mi casa se veían, mi padre llegaba de trabajar y si había toros en la televisión me explicaba lo que era una larga cambiada, un farol, una verónica o un natural. Y mi abuelo, un hombre del siglo XIX era lo único que veía en la televisión, ni fútbol, ni telediario… solo prestaba atención si había toros, incluso a mi abuela le divertían… Podéis deducir por lo que os cuento que procedo de una familia de “cafres insensibles” que disfrutan con el sufrimiento de un animal. La realidad es que procedo de una familia que, como todas las familias en un tiempo pasado utilizaba a los animales. Me explico, procedo de una España en la que los animales estaban a disposición del hombre para todo, mis padres y mis abuelos trabajaban el campo con mulas, y se desplazaban en burro o a caballo, desayunaban la leche de la oveja o de la cabra, en las casas se mataba a los cerdos a cuchillo y a los conejos a pescozones porque había que comer y no existía el Mercadona, si el perro estaba enfermo y no parecía tener remedio se le daba un cachavazo en el hocico para que dejase de sufrir y el gato servía para cazar ratones y no como animal de compañía, realmente pocas diferencias con la edad media y sin embargo estoy hablando del siglo XX. Y también se utilizaba a los animales a modo de diversión, principalmente a los toros (aunque también se arrancaban cabezas de pollos o se tiraban cabras desde los campanarios), una diversión heredada, cruenta sin duda, pero la diversión de los españoles durante muchos años en los que no se consideraba el sufrimiento del toro como algo importante, porque “solo” es un animal, y se tenía más en consideración la valentía del torero o lo que algunos llaman arte. Admito que yo también he formado parte de esa herencia, que he visto toros en la televisión, que he acudido a alguna corrida de toros, más como un acto social que porque me guste ver maltratar a un animal, que he estado en plazas de toros hechas con remolques de tractor viendo como la gente se divertía corriendo delante de las vaquillas, que he estado en algún encierro de esos que hay por esos pueblos de España aunque la valentía no es lo mío y nunca me ha dado por correr delante de los toros y lo que me atrae realmente es el ambiente festivo de los pueblos más que acercarme a un morlaco, que incluso he estado viendo algún encierro en Tordesillas, localidad a la que estuve ligado algún tiempo por razones que no vienen a cuento , aunque nunca estuve en el Toro de la Vega. Sobre esto último os puedo decir que a los de Tordesillas les ofende menos que te cagues en su puta madre que les llames asesinos por el Toro de la Vega. Incluso a veces veo el encierro de los Sanfermines por la tele. Pero con todo eso, y a pesar de lo que os pueda parecer, sigo prefiriendo las corridas en la cama y los toros en el plato.

Aunque esto evolucione, y los toros ya no sean la diversión favorita de los españoles, aunque la sociedad cambie, y lo que se consideraba hasta no hace muchos años un arte se empiece a considerar cada vez por más gente una salvajada, aunque haya personas a las que no les quepa en la cabeza que hay otras personas que disfrutan viendo el sufrimiento de un animal, y que el maltratador sea considerado como un héroe al que se le paga una millonada, no es de recibo que alguien se puede alegrar de la muerte de un torero, ni de nadie. Entiendo la indiferencia, entiendo que haya gente a la que no le de ninguna pena porque “él se lo ha buscado”, entiendo que no es más importante que la muerte de cualquier otro trabajador, o que la de cualquier persona que  participa en un encierro. Lo que no entiendo es que se pierda el respeto a los muertos porque no nos gusta lo que hacían en vida, cualquier muerto merece un respeto, no hace falta llorar o rezar por él, ya os digo que entiendo la indiferencia o casi cualquier otra postura pero siempre desde el respeto. Parece que tendemos a humanizar a los animales y deshumanizar a las personas, a luchar por los derechos de los animales, que está muy bien y al mismo tiempo despreciar la memoria de las personas. ¿Pensáis que por proceder de la “familia de cafres” que os contaba antes o por haber acudido a algún evento taurino merezco que os meéis en mi tumba u otras lindezas que he leído por ahí? ¿pensáis que cualquiera merece la muerte por hacer algo que creéis equivocado? ¿pensáis, por ejemplo, que los soldados españoles que fueron a la guerra de Irak, injusta para muchos, deberían haber muerto todos?

Cada poco tiempo hay asesinatos a manos de las parejas, hay acoso laboral, hay pederastia, hay violaciones… Tristemente nos estamos acostumbrando a ello, y no tiene prácticamente repercusión mediática ya que cada caso se suele encadenar con el siguiente. Esto a mí me da idea de que el respeto por las personas cada vez es menor ¿Qué está pasando en una sociedad que cada vez es más respetuosa con los animales, que me parece muy bien, y cada vez lo es menos con las personas? No queremos que mueran toros como divertimento pero muere gente en nuestras calles, cuando pasamos al lado de alguien que necesita ayuda en la calle nos cambiamos de acera por si acaso, cada vez hay más omisión de socorro, la gente muere por chorradas como discusiones de tráfico o disputas vecinales…
Igual que os digo que vengo de una sociedad en la que se respetaba poco a los animales y eran poco más que un objeto al servicio del hombre, también os digo que era una sociedad más humanizada con las personas, en la que la ayuda al prójimo era algo bastante habitual, a lo mejor estamos haciendo algo mal.

Quizá estamos cambiando el ver morir animales por ver discusiones en realitys esperando a ver si se pegan entre las “estrellas” de turno, quizá estemos cambiando los referentes de toreros a concursantes de Gran Hermano y similares, quizá estemos cambiando ver toros en la tele por ver vídeos de acoso escolar o de abusos sexuales, quizá no estemos evolucionando tanto y cambiamos el objeto de nuestra humillación de los toros a las personas…


sábado, 9 de abril de 2016

Otra vez aqui

Cuando empecé este blog yo pensaba que tenía muchas cosas que contar, o mejor dicho que tenía algo dentro que me apetecía contar.
 
La verdad que mis ideas se fueron derritiendo poco a poco... Ahora vuelvo a sentir esta ebullición mental que me invita a escribir, así que a partir de ahora estoy por aquí otra vez. A ver cuanto dura.
 
Lo siento por vosotros...



martes, 2 de diciembre de 2014

El SIDA...

Hace ya algunos años, que se empezó a hablar del  SIDA. Era una enfermedad casi misteriosa que se llevaba a la gente por delante. Parecía algo que había nacido de la nada y de lo que poco se sabía, solo que era sinónimo de tener los días contados.
Empezamos a oír a hablar de ella como una enfermedad de homosexuales, que poco a poco pasó a ser una enfermedad de toxicómanos por vía intravenosa, o sea, algo de maricas y de yonkis para el gran público, y por tanto, la gente “decente” se encontraba más o menos a salvo…
Después nos dimos cuenta de que no era algo tan marginal, que había gente famosa que tenia aquella enfermedad, ídolos del deporte de jóvenes y adolescentes, como Magic Johnson, estrellas del rock como Freddie Mercury o galanes de Hollywood como Rock Hudson… Pero bueno ¿Cómo era posible? Aquella gente no era lo que teníamos en mente de lo que podía ser un enfermo de sida, no eran viciosos marginales, bueno marginales no, pero viciosos… tanto rock, tanto Hollywood, esta gente acaba mal… El rock y sus excesos, ya se sabe, pero Rock Hudson, un galán que resulta ser marica ¡nos tenía engañados! ¡y lo de Magic…! eso si que no tenía explicación. O si…
Era aquella sociedad, en la que aún estábamos llenos de prejuicios, de tabúes, de desprecio…  El sida era un estigma, se utilizaba la palabra sidoso como algo ofensivo, como si el que lo padeciese era alguien que se lo merecía por vicioso, por asqueroso, y por no ser como la gente respetable, a la que nunca le iba a tocar.
En los barrios, caían los chicos victimas de sida, conozco algún caso que después de salir de la droga no pudo con el sida; tragedias cotidianas de gente normal, víctimas de la droga, de la enfermedad y de la sociedad que se limitaba a decir “pobre chico”, mientras miraba para otro lado pensando “al fin y al cabo tú te lo has buscado…”
Fueron apareciendo las campañas, como aquella inolvidable para muchos de “póntelo, pónselo” que en aquella España nuestra, con aspiraciones de moderna, supuso una revolución porque se invitaba a usar condones no como estaban acostumbrados nuestros padres o hermanos mayores para evitar embarazos y de forma casi clandestina, sino como algo que te podía salvar la vida. Porque no olvidemos que entonces sida y muerte caminaban de la mano.
Empezamos a tener información, empezaron a aparecer los lazos rojos, empezamos a familiarizarnos con algunos términos, como el término VIH en lugar de sida, empezábamos a oír hablar de los “ceropositivos” que era gente que tenía el sida pero que no estaba para morirse, no lo entendíamos muy bien porque hasta entonces el sida nos parecía algo que mataba de forma fulminante, se generalizó aquello del “sexo seguro”, se empezó a hablar de las narcosalas, de repartir preservativos a las prostitutas, de campañas en institutos que nos hacían más o menos gracia porque venían unos chicos a repartir folletos, dar una charla y repartir condones.
Poco a poco fuimos conscientes que aquella enfermedad  “de maricas y drogadictos” no estaba destinada solo a ellos. Aquella enfermedad, como todas, le podía tocar a cualquiera, por una relación sexual homosexual o heterosexual, por cualquier fatalidad utilizando material que pudiese contener sangre, o incluso en transfusiones de sangre. Se fueron conociendo cada vez más casos de “gente normal” que se había contagiado, y la información y la prevención fue llegando cada vez a más gente y de forma más clara. Fuimos conscientes de que en África el sida era algo devastador, que no era una enfermedad moderna del mundo moderno, sino que azotaba con más fuerza aún a aquellos que les suele tocar siempre, y no me refiero a “maricas y yonkis”  sino a la gente que no ha tenido la suerte de nacer o vivir en lo que llamamos países desarrollados.
Hoy por hoy, gracias a la investigación sobre esta enfermedad, gracias al desarrollo de fármacos, gracias al esfuerzo de muchos,  parece que lo que era una enfermedad mortal está pasando a ser una enfermedad crónica con una calidad de vida aceptable en gran parte de los casos, al menos para las personas que tienen la suerte de vivir en países que pueden asumir el coste de los tratamientos. Sabemos que VIH ya no es sinónimo de sida, sabemos que un seropositivo es una persona que se tiene que cuidar y que puede contagiar al resto, pero que ya no mueren como antes. Se habla de vacunas, se habla de posibilidad de desarrollar fármacos para curar la enfermedad, se habla del 2030… Lo que parece difícil es que la información, la prevención y los medicamentos lleguen a esos países en los que la enfermedad mata a más gente, eso sí, hay no se qué artefacto en no sé qué asteroide tomando datos sobre no se qué cosa.
Hasta entonces, hasta que se gane la batalla, seguiré brindando hasta la cirrosis por la vacuna del sida, que decía Andrés Calamaro.

Y tú, lector que lees esto, puede que no seas médico, ni trabajes en un hospital, ni te dediques a investigar nuevos fármacos, pero puedes hacer algo importante y vital por las personas que tienen VIH: es algo tan simple como no discriminar. Está en manos de todos




martes, 16 de septiembre de 2014

Es parentesco sin sangre una amistad verdadera

Hoy hace unos cuantos años de mi primer encuentro con mi amigo Rubén. No fue un encuentro en una red social ni en un bar. Aquel día de septiembre estábamos apunto de comenzar una andadura que cambiaria nuestras vidas. Era un día de cartera y de cuaderno, de lápiz y de goma. Era el día que empezamos a ir a parvulitos. Es cierto que había más niños, y algunos de ellos siguen siendo mis amigos. Lo que tiene de especial aquel momento es que fuimos los últimos que nos quedamos a la puerta, mientras el resto de niños ya habían entrado Rubén y yo llorábamos a moco tendido porque no queríamos entrar en aquel mundo desconocido llamado colegio y separarnos por primera vez de nuestras madres. Recuerdo a la señorita Carmina que salió a por nosotros, nos dio un beso a cada uno, nos cogió la mano y nos llevó adentro. Supongo que nuestras madres quedaron en la puerta con una sensación no muy agradable, y se que guardan aquel momento que recordamos de vez en cuando, mi madre no se olvida de Rubén, “el de la puerta del colegio” y supongo que a la madre de Rubén le pasará algo similar conmigo.

Pasaron los años, la amistad tuvo diferentes etapas, y según fuimos forjando nuestra personalidad llegando a ese punto llamado adolescencia en el que tienes que elegir, tomamos la decisión inconsciente de seguir juntos en el camino. Años locos, de beberse la vida de un tirón, de romperse los tímpanos escuchando Rock and Roll y de conversaciones interminables acompañadas del sonido del vidrio, del humo de un cigarrillo o del silencio cómplice de la noche…

Después viene la época de las decisiones que se suponen serias, aunque para mí la verdad una de las decisiones más serias es elegir a mis amigos. Cada uno con sus aciertos y sus fracasos, con chicas fugaces o duraderas, caminos aparentemente diferentes, abriendo fronteras a un mundo que traspasaba aquellos muros del barrio, aquellos bares de siempre, y aquellas chicas a las que amábamos en silencio, para conocer nuevas gentes, nuevos retos académicos y laborales, pero siempre sabiendo que uno y otro estábamos ahí.
Por suerte, a pesar del tiempo, de las mujeres que han pasado por nuestras vidas, de los trabajos, de las circunstancias nunca nos separamos del todo. Siempre hemos seguido sabiendo uno del otro, compartiendo logros y fracasos, con la sensación de hacerlos propios.

Hace unos años, después de nuestro deambular por el mundo, mi amigo Rubén quiso compartir un momento importante de su vida conmigo, y con un pequeño puñado de amigos del mismo calado, de esos que están ahí, a pesar del tiempo, la distancia y las circunstancias sabes que son y están. La cita fue histórica, como histórico fue el entorno (concierto de los Stones en San Sebastián) y siempre agradeceré a Rubén que nos volviese a unir. Desde entonces siempre buscamos una excusa para reunirnos  de nuevo sin dejar pasar mucho tiempo y compartir la vida.

Aparte de mi amigo Rubén tengo algunos amigos mas, lo he puesto como ejemplo porque fue el primero que conocí en el colegio un 15 de septiembre como hoy, pero tengo algunas historias más, historias de amistad. Esa amistad que hace que aunque no te veas en años, el día del reencuentro todo fluye, no hay incomodidad, no hay esa sensación de no saber de que hablar, o pensar que molestas. Confianza plena para pedir un favor, para ofrecer el hombro para llorar, los oídos para escuchar o la cabeza para ayudar a tomar decisiones. Amigos que se alegran de tus éxitos, en lugar de tener envidia, y se entristecen con tus fracasos y te ofrecen su mano, en lugar de hacer leña del árbol caído. Amigos que a pesar de estar en otra posición en lo laboral o en lo personal, te tratan como siempre, te tratan como a un igual, sin contarte lo que tienen o lo que hacen desde la perspectiva de sentirse superiores, todo lo contrario.

Una de las razones que tengo para sentirme afortunado es seguir conservando a ese puñado de amigos incondicionales, a los que he conocido en diferentes momentos de mi vida, unos en la niñez, otros en la juventud, en diferentes ámbitos de la vida, pero siempre como elección personal.

Espero seguir conservando a mis amigos hasta el final de nuestros días. Una de las cosas que suelo decir es que a mí me basta con cuatro amigos para que el día de mi entierro porten mi féretro y me acompañen a mi última morada. El no tener la perspectiva de formar una familia me suele entristecer (eso es otra historia), pero se que tengo algo que no tiene todo el mundo y es esa amistad de verdad.

Como escribió Calderón de la Barca, y como rubricó mi amigo Rubén en el reencuentro: “es parentesco sin sangre una amistad verdadera”





martes, 3 de junio de 2014

Abdicando

Hoy ha sido uno de esos días de telediarios monotemáticos, de parabienes, de opiniones, de listos, de "yo eso ya lo sabia".... Y es que hoy ha sido uno de esos días que se pueden morir cien niños (o sea, como todos los días), pero la noticia es otra. Un día histórico de esos. Un día de los que dentro de unos años sacaran imágenes, y aquellos que las vean se reirán de nuestras barbas, de nuestros pantalones o de los zapatos de las chicas... Hoy el "ciudadano Juan Carlos de Borbón", como decía Pilar Rahola, ha comunicado su intención de abdicar a favor de su hijo, el ciudadano Felipe de Borbón.
La verdad que desde que tengo uso de razón (o algo similar) me acuerdo de Juan Carlos I como "el Rey" (bueno, a partir de los 12 o 13 años para mi el Rey comenzó a ser un tal Elvis Presley, pero esa es otra historia), al igual que me pasaba con el Papa Juan Pablo II, y aunque pensé que nunca me iba a acostumbrar a que hubiese otro Papa, me acostumbré (aunque a Juan Pablo II digamos que le tengo un especial cariño), y supongo que igualmente me acostumbraré a tener otro Rey. Creo que poco va a cambiar, aparte de la persona, ya que este que va a entrar está educado y aleccionado para continuar la misma linea que hasta ahora ha seguido la Corona.
Recuerdo que cuando yo era pequeño, el Rey era un personaje al que se le respetaba en general, un tipo que aparecía cada dos por tres vestido de militar, hablando con gente de países con los que estábamos enfadados y hacíamos las paces, batallando con franquistas y militares por un lado, y legalizando y hablando con comunistas por otro. Daba la impresión de que hacia algo, la verdad.
Hoy me he dado cuenta, aunque ya me había dado cuenta antes, de que en la sesión de investidura iba vestido de militar, supongo que para recordar que era el jefe de los de los sables, que eran los que mas mandaban y mas miedo metían en España, no se si para que no se le sublevasen, o para inculcar al pueblo que el iba a ser el jefe de los que mandaban, que en ese momento no eran los partidos políticos, mas que nada porque no había.
Traidor para unos, y enemigo potencial para otros, parece que nadie daba un duro por el (Carrillo lo bautizó como Juan Carlos I el breve), pero han pasado los años y ahí a seguido. Si echáis cuentas, 39 años (no se me olvida) alguno más de los que estuvo ocupando la Jefatura del Estado el general Franco, si amigos, ha durado en el cargo más que Franco. Durante muchos años estuvo muy bien valorado, y era poco menos que intocable, nunca se hablaba mal de el Rey, ni en la tele ni en los periódicos... ¿conducta ejemplar, censura o gratitud? no se si alguna vez lo sabremos, aunque en el CAP me explicaron que había algunos acuerdos no escritos. Muchos republicanos de toda la vida se definían a si mismos como "Juancarlistas" y se deshacían en elogios hacia el monarca.
Sea como fuere, los últimos años han sido los de los elefantes, lo de Corina, los despropósitos del yerno y la hija, los desmanes de Froilán, la falta de profesionalidad de la Letizia... En definitiva, que la gloria de los primeros años de reinado en los que el Rey fue poco menos que un héroe, se ha cubierto de mierda por las torpezas, las indiscreciones y el vil metal. Y es que cuando uno es Jefe del Estado, y más cuando no es Jefe del Estado electo, aparte de hacer bien su trabajo, no se puede patinar, porque se debe al pueblo. A mi la vida personal de las personas me suda la polla, que cace elefantes o que se folle a una guiri me da bastante igual, que son cosas que la realeza ha hecho a lo largo de la historia (cazar y follar con todo lo que se ponga a tiro principalmente) pero en los tiempos que corren esta mal visto. La historia supongo que lo recordará por lo primero más que por lo último, aunque si la historia se hace a partir de las hemerotecas, ya sabemos lo que más periódicos vende.
Espero que Felipe VI tenga mas cojones que su padre para afrontar determinados temas, temas jodidos, temas que nos preocupan, y le hagan ganarse el respeto de la gente, ese respeto que Juan Carlos I ha ido perdiendo poco a poco.
Si os digo la verdad, yo no soy monárquico, pero tampoco republicano. Soy del que lo haga bien.
Como recuerdo, nos quedan las imágenes junto a Franco, las primeras apariciones como Rey, sus primeros encuentros con socialistas y comunistas, el tan traido y llevado 23-F, los mundiales, el saludo a Felipe González cuando llegó al Gobierno... Yo creo que después de la entrada en el "mercado común", que supuso algo asi como la entrada de España en ese grupo de países "modernos" tan ansiado, el Rey pasó a un segundo plano, hasta volver al candelero por las últimas miserias.
Como os decía, nos quedan las imágenes, y también las monedas (en pesetas y en euros) y los sellos...

No se si recordareis cuando al acabar la programación de la televisión sonaba el himno nacional con imágenes del Rey y el resto de miembros de la Casa Real. Ahí os lo dejo, para los más jóvenes.