miércoles, 13 de junio de 2018

Aquarius



Una vez más tenemos la inmigración a la puerta de casa. Una vez más nos echamos las manos a la cabeza porque vemos las consecuencias del reparto de la riqueza y de la globalización. Una vez más pensamos que algo hay que hacer, que no hay derecho, que no se merecen eso, que hay que darles una oportunidad, que no tienen la culpa de lo que les ha tocado vivir…

Y los gobiernos del mundo “libre” deciden sobre el destino de esas personas, si “les damos una oportunidad” desde nuestra gran benevolencia o por el contrario les damos con la puerta en las narices como cuando mi abuela despachaba a los pobres con un “Dios le ampare, hermano”. Y los ciudadanos del mundo “libre” nos apresuramos a opinar, a sentenciar a corto plazo, a decir desde la progresía que no acoger es de ser unos nazis y unos racistas, xenófobos o insensibles, o desde el identitarismo que no se puede acoger a nadie más, que Europa es nuestra casa y los nuestros deben de tener prioridad frente a aquellos que vienen de fuera a beneficiarse de nuestro estado del “bienestar”, de ayudas y subvenciones mientras que hay compatriotas nuestros en situaciones de pobreza.

Y lo jodido, lo realmente jodido, es que la solución no es fácil. La solución no es acoger por acoger a todo aquel que venga, que aunque es un lavaconciencias cojonudo no deja de ser pan para hoy y hambre para mañana, porque a poco que sepamos de matemáticas, no se puede mantener a todos en nuestros países del mundo libre y mucho menos darles trabajo cuando lo del pleno empleo para los que ya estamos hoy por hoy es prácticamente una utopía, y nuestros recursos cada vez van a menos, nuestro sistema de “bienestar” a veces se tambalea por la deslocalización industrial fruto de la globalización, por el envejecimiento de la población y porque el sistema social cada vez es menos social. Y dejarlos morir en medio del océano, o condenados al hambre y a la miseria en sus remotos países tampoco es lo más ético si nos queremos ganar el apelativo de humanos.

El problema es global, la solución no consiste en acoger y dar de comer al hambriento un día, sino en procurar que ese hambre desaparezca, en un planeta en el que los recursos están mal repartidos. Por supuesto que no se puede dejar morir de hambre al que llama a nuestra puerta, pero si ha llegado hasta nuestra puerta, que realmente es lo que nos jode, ver la pobreza en nuestra puerta, quizá estemos haciendo algo mal. Y es que el mundo que conocemos está montado así. Nuestro estado del “bienestar” está montado sobre la miseria de otros. Este mundo global que conlleva el enriquecimiento de unos mediante la miseria de otros, la deslocalización de los medios de producción hacia países en los que la esclavitud no consiste en algo del pasado, y que nosotros, de una u otra manera, estamos fomentando irremediablemente con nuestro consumo. Países en guerra por nuestros oscuros intereses, y digo nuestros porque aunque no nos guste ese tipo de cosas son las que mantienen nuestro sistema de “bienestar”, aunque luego lavemos nuestras conciencias exigiendo solidaridad a nuestros gobiernos tuiteando desde teléfonos móviles posiblemente fabricados en países lejanos por unos pocos céntimos la hora. 

Yo creo en la igualdad del ser humano, provenga de donde provenga, y al mismo tiempo creo en la riqueza de los pueblos, y aunque las migraciones no son malas por naturaleza también creo en la importancia del arraigo, de la identidad, de poderte ganar el sustento en donde están los tuyos, en la tierra de tus antepasados conservando costumbres y tradiciones que acaban diluyéndose con las migraciones tanto de los que vienen como de los que están, pienso que nadie se quiere ir de su tierra, y hablo por mí que por mi profesión tengo más posibilidades en tierras lejanas pero me resisto a dejar mi país, la tierra que mis antepasados regaron con su sangre y sudor para hacer de España algo mejor que lo que ellos conocieron.


El problema no está en un barco en el mar Mediterráneo, está ahí a corto plazo, pero hoy son ellos y dentro de unos días serán otros cada uno con su historia, con su nombre, con su familia, buscando algo que comer, una vida mejor o al menos una vida. Sinceramente no se cuál es la solución, es fácil escribir chorradas en la comodidad de casa, sabiendo que mañana no me va a faltar el sustento, creo que la clave, como en la gran mayoría de problemas que tenemos actualmente, está en la educación y en la auténtica solidaridad que consiste en no aprovecharse del resto de seres humanos.

Hoy ha sido el Acuarius, barco de una ONG de la que, entre otras, tengo el orgullo de ser socio, no se si ese es el camino, creo en la Justicia Social y en todos aquellos que cada día demuestran que se puede ayudar al prójimo activamente con algo más que bocadillos y subvenciones que no dejan de ser pan para hoy y hambre para mañana. Mañana será un cayuco, o miles, o un camión, o un campamento detrás de una verja… Y seguiremos tirando de solidaridad barata o de identitarismo de bar como solución. Pero si la situación se sigue produciendo pese a nuestra solidaridad o nuestro rechazo, eso quiere decir que esa solución no vale…