Llegar a casa y ver las primeras imagenes, y seguir flipando. Ver algo tan común como un tren completamente destripado, escuchar testimonios de heridos y familiares... Joderrrrrrrrr, lo de los familiares me impacto, mucho, gente que no encontraba a sus seres queridos, o que se dirigían hacia la improvisada morgue del IFEMA esperando no encontrarse con un fatal desenlace. Yo imaginaba a mis padres en esa situación y me acojonaba, me acojonaba poder haber sido yo uno de los viajeros de aquellos trenes y que mis padres tuviesen que pasar por aquello, gracias a Dios no fue así, pero aquello era muy real, muy cercano... En aquellas personas me veía a mi. Padres, hermanos, hijos, parejas... Cuanto dolor, cuanto sufrimiento. Mis abuelos vivieron una guerra, pero para mi aquello creo que ha sido lo mas dramático que he podido ver, y vuelvo a dar gracias a Dios porque no me afecto de cerca. Poco a poco fuimos sabiendo de los familiares y amigos que estaban en Madrid en aquellos días y por suerte todos estaban bien.
Las sensaciones de la tarde, eran de silencio. La gente no hablaba, solo escuchaba las noticias, recuerdo ver al ministro en la televisión de un bar y la gente escuchando, yo creo que la consternación era general, y por unas horas aquello tan español de opinar se quedó en un segundo plano. La manifestación, o lo que fuese, a ultima hora, también estaba cargada de silencios. Yo no suelo ir a manifestaciones, pero sentía la necesidad imperiosa de hacer algo, de arropar de alguna manera a aquellas personas aunque fuese desde la distancia. Me llamaba la atención que la manifestación no se moviese, hasta que me enteré de que realmente cuando la cabeza llegaba a la Plaza Mayor, la cola aun no había salido. Aunque sirva de poco, eso te hace reconciliarte con el ser humano, saber que el apoyo de la gente muchas veces es mayor que la crueldad de unos pocos. Recuerdo un gran silencio, una marabunta de gente y un gran silencio.
En la noche me costó dormir, pensando en aquellas victimas y en sus familias, en la tragedia... Unos días después me enteré que una de las victimas era una chavala del barrio, mas o menos de mi edad, amiga de amigos mios, y familia de un buen amigo. Eso me hizo sentir aun mas la cercanía de aquello, y la fragilidad del ser humano. Poner nombre a una víctima te pone la realidad delante.
Siguieron días de crispación, de dardos políticos, de confusión... La verdad, entonces como hoy, mi preocupación estaba con las familias, y en cuanto a los autores mi pensamiento entonces era que me parecía extremadamente cruel e inhumano aquello, independientemente de quien fuese el autor. No se si la justicia humana acertará o no, pero confío en que la Justicia Divina tendrá piedad con las victimas, y hará Justicia con los verdugos.
En el día de hoy, 10 años después, simplemente mi recuerdo, mi reflexión y mi oración para todos ellos, y para sus familias.
Descansen en Paz