La muerte de un ser humano
siempre es una desgracia, sea quien sea. No quiero hacer un alegato a favor ni
en contra de la “Fiesta Nacional” o de la Tauromaquia o de los Toros o de como
se quiera llamar a todo lo que rodea el hecho de utilizar a los toros como una
diversión. Está claro que los toreros ya no tienen la consideración que tenían
en este país, en el que hasta no hace muchos años eran considerados poco menos
que héroes nacionales, eran recibidos por Jefes del Estado, tenían romances con
actrices, folclóricas, nobles o famosas varías y ocupaban páginas de periódicos
y revistas porque suscitaban el interés popular; desde Manolete hasta Paquirri
pasando por Antonio Bienvenida, Luis Miguel
Dominguín, Antonio Ordoñez, Manuel Benítez “el Cordobés”, Palomo Linares, y un
largo etcétera, aunque a algunos solo os suene un tal Jesulín de Ubrique por
haber tenido una hija con una de las “estrellas televisivas” y princesa del
pueblo de nuestro país. Ahora el torero ya no es un héroe para el común de los
españoles, solamente para un colectivo que podemos denominar como los “taurinos”,
ya no hay programas taurinos en televisión ni largas reseñas en los periódicos,
ni son referentes para la mayoría, ni la Familia Real aparece asiduamente en
los festejos taurinos como ocurría no hace muchos años.
Es evidente que algo está cambiando, es evidente la evolución de nuestra sociedad no sé si por conciencia o porque las diversiones son otras, a priori menos cruentas. Yo me he criado viendo toros en casa, no porque fuese mi espectáculo favorito sino porque en mi casa se veían, mi padre llegaba de trabajar y si había toros en la televisión me explicaba lo que era una larga cambiada, un farol, una verónica o un natural. Y mi abuelo, un hombre del siglo XIX era lo único que veía en la televisión, ni fútbol, ni telediario… solo prestaba atención si había toros, incluso a mi abuela le divertían… Podéis deducir por lo que os cuento que procedo de una familia de “cafres insensibles” que disfrutan con el sufrimiento de un animal. La realidad es que procedo de una familia que, como todas las familias en un tiempo pasado utilizaba a los animales. Me explico, procedo de una España en la que los animales estaban a disposición del hombre para todo, mis padres y mis abuelos trabajaban el campo con mulas, y se desplazaban en burro o a caballo, desayunaban la leche de la oveja o de la cabra, en las casas se mataba a los cerdos a cuchillo y a los conejos a pescozones porque había que comer y no existía el Mercadona, si el perro estaba enfermo y no parecía tener remedio se le daba un cachavazo en el hocico para que dejase de sufrir y el gato servía para cazar ratones y no como animal de compañía, realmente pocas diferencias con la edad media y sin embargo estoy hablando del siglo XX. Y también se utilizaba a los animales a modo de diversión, principalmente a los toros (aunque también se arrancaban cabezas de pollos o se tiraban cabras desde los campanarios), una diversión heredada, cruenta sin duda, pero la diversión de los españoles durante muchos años en los que no se consideraba el sufrimiento del toro como algo importante, porque “solo” es un animal, y se tenía más en consideración la valentía del torero o lo que algunos llaman arte. Admito que yo también he formado parte de esa herencia, que he visto toros en la televisión, que he acudido a alguna corrida de toros, más como un acto social que porque me guste ver maltratar a un animal, que he estado en plazas de toros hechas con remolques de tractor viendo como la gente se divertía corriendo delante de las vaquillas, que he estado en algún encierro de esos que hay por esos pueblos de España aunque la valentía no es lo mío y nunca me ha dado por correr delante de los toros y lo que me atrae realmente es el ambiente festivo de los pueblos más que acercarme a un morlaco, que incluso he estado viendo algún encierro en Tordesillas, localidad a la que estuve ligado algún tiempo por razones que no vienen a cuento , aunque nunca estuve en el Toro de la Vega. Sobre esto último os puedo decir que a los de Tordesillas les ofende menos que te cagues en su puta madre que les llames asesinos por el Toro de la Vega. Incluso a veces veo el encierro de los Sanfermines por la tele. Pero con todo eso, y a pesar de lo que os pueda parecer, sigo prefiriendo las corridas en la cama y los toros en el plato.
Es evidente que algo está cambiando, es evidente la evolución de nuestra sociedad no sé si por conciencia o porque las diversiones son otras, a priori menos cruentas. Yo me he criado viendo toros en casa, no porque fuese mi espectáculo favorito sino porque en mi casa se veían, mi padre llegaba de trabajar y si había toros en la televisión me explicaba lo que era una larga cambiada, un farol, una verónica o un natural. Y mi abuelo, un hombre del siglo XIX era lo único que veía en la televisión, ni fútbol, ni telediario… solo prestaba atención si había toros, incluso a mi abuela le divertían… Podéis deducir por lo que os cuento que procedo de una familia de “cafres insensibles” que disfrutan con el sufrimiento de un animal. La realidad es que procedo de una familia que, como todas las familias en un tiempo pasado utilizaba a los animales. Me explico, procedo de una España en la que los animales estaban a disposición del hombre para todo, mis padres y mis abuelos trabajaban el campo con mulas, y se desplazaban en burro o a caballo, desayunaban la leche de la oveja o de la cabra, en las casas se mataba a los cerdos a cuchillo y a los conejos a pescozones porque había que comer y no existía el Mercadona, si el perro estaba enfermo y no parecía tener remedio se le daba un cachavazo en el hocico para que dejase de sufrir y el gato servía para cazar ratones y no como animal de compañía, realmente pocas diferencias con la edad media y sin embargo estoy hablando del siglo XX. Y también se utilizaba a los animales a modo de diversión, principalmente a los toros (aunque también se arrancaban cabezas de pollos o se tiraban cabras desde los campanarios), una diversión heredada, cruenta sin duda, pero la diversión de los españoles durante muchos años en los que no se consideraba el sufrimiento del toro como algo importante, porque “solo” es un animal, y se tenía más en consideración la valentía del torero o lo que algunos llaman arte. Admito que yo también he formado parte de esa herencia, que he visto toros en la televisión, que he acudido a alguna corrida de toros, más como un acto social que porque me guste ver maltratar a un animal, que he estado en plazas de toros hechas con remolques de tractor viendo como la gente se divertía corriendo delante de las vaquillas, que he estado en algún encierro de esos que hay por esos pueblos de España aunque la valentía no es lo mío y nunca me ha dado por correr delante de los toros y lo que me atrae realmente es el ambiente festivo de los pueblos más que acercarme a un morlaco, que incluso he estado viendo algún encierro en Tordesillas, localidad a la que estuve ligado algún tiempo por razones que no vienen a cuento , aunque nunca estuve en el Toro de la Vega. Sobre esto último os puedo decir que a los de Tordesillas les ofende menos que te cagues en su puta madre que les llames asesinos por el Toro de la Vega. Incluso a veces veo el encierro de los Sanfermines por la tele. Pero con todo eso, y a pesar de lo que os pueda parecer, sigo prefiriendo las corridas en la cama y los toros en el plato.
Aunque esto evolucione, y los
toros ya no sean la diversión favorita de los españoles, aunque la sociedad
cambie, y lo que se consideraba hasta no hace muchos años un arte se empiece a
considerar cada vez por más gente una salvajada, aunque haya personas a las que
no les quepa en la cabeza que hay otras personas que disfrutan viendo el
sufrimiento de un animal, y que el maltratador sea considerado como un héroe al
que se le paga una millonada, no es de recibo que alguien se puede alegrar de
la muerte de un torero, ni de nadie. Entiendo la indiferencia, entiendo que
haya gente a la que no le de ninguna pena porque “él se lo ha buscado”,
entiendo que no es más importante que la muerte de cualquier otro trabajador, o
que la de cualquier persona que
participa en un encierro. Lo que no entiendo es que se pierda el respeto
a los muertos porque no nos gusta lo que hacían en vida, cualquier muerto
merece un respeto, no hace falta llorar o rezar por él, ya os digo que entiendo
la indiferencia o casi cualquier otra postura pero siempre desde el respeto.
Parece que tendemos a humanizar a los animales y deshumanizar a las personas, a
luchar por los derechos de los animales, que está muy bien y al mismo tiempo
despreciar la memoria de las personas. ¿Pensáis que por proceder de la “familia
de cafres” que os contaba antes o por haber acudido a algún evento taurino
merezco que os meéis en mi tumba u otras lindezas que he leído por ahí? ¿pensáis
que cualquiera merece la muerte por hacer algo que creéis equivocado? ¿pensáis,
por ejemplo, que los soldados españoles que fueron a la guerra de Irak, injusta
para muchos, deberían haber muerto todos?
Cada poco tiempo hay asesinatos a
manos de las parejas, hay acoso laboral, hay pederastia, hay violaciones… Tristemente
nos estamos acostumbrando a ello, y no tiene prácticamente repercusión
mediática ya que cada caso se suele encadenar con el siguiente. Esto a mí me da
idea de que el respeto por las personas cada vez es menor ¿Qué está pasando en
una sociedad que cada vez es más respetuosa con los animales, que me parece muy
bien, y cada vez lo es menos con las personas? No queremos que mueran toros
como divertimento pero muere gente en nuestras calles, cuando pasamos al lado
de alguien que necesita ayuda en la calle nos cambiamos de acera por si acaso,
cada vez hay más omisión de socorro, la gente muere por chorradas como
discusiones de tráfico o disputas vecinales…
Igual que os digo que vengo de una
sociedad en la que se respetaba poco a los animales y eran poco más que un
objeto al servicio del hombre, también os digo que era una sociedad más
humanizada con las personas, en la que la ayuda al prójimo era algo bastante
habitual, a lo mejor estamos haciendo algo mal.
Quizá estamos cambiando el ver
morir animales por ver discusiones en realitys esperando a ver si se pegan
entre las “estrellas” de turno, quizá estemos cambiando los referentes de
toreros a concursantes de Gran Hermano y similares, quizá estemos cambiando ver
toros en la tele por ver vídeos de acoso escolar o de abusos sexuales, quizá no
estemos evolucionando tanto y cambiamos el objeto de nuestra humillación de los
toros a las personas…